domingo, 1 de enero de 2017

     Siempre me llamó la atención comprobar la cantidad de jóvenes que tomaban por costumbre la ardua tarea de escribir un diario. Infinidad de veces me planteé iniciar yo el mío, pero algo en mi interior me decía que las tareas del día a día no eran lo suficientemente emocionantes o significativas como para irlas plasmando sobre el papel, y dicho entretenimiento podía llegar a resultar excesivamente tedioso.